martes 10 de marzo de 2009

El empate


Fueron los únicos que acabaron contentos con el resultado del partido. Iván y Paula, Paula e Iván nos miraban con extrañeza cuando gritábamos, alzábamos los brazos, nos levantábamos del sillón, increpábamos al árbitro o cantamos los goles.

Iván dice que es de los dos equipos. ¿Se lo pueden imaginar? Primero del Madrid y un poquito menos así – dice juntando los dedos y guiñando sus ojos azules – del Atleti. Hace unas semanas, y previa autorización paterna, que con esas cosas no se juega, le hice socio infantil del Atleti y viene a algunos partidos con mi hija. También es socio del Madrid, no se vayan a pensar, y visita el Bernabéu un par de veces al año. Así que su padre y yo (que cuento con la complicidad de su madre, mi amiga Chusa) tenemos una lucha perpetua por hacer a Iván de nuestro equipo, de la que él, la verdad, pasa olímpicamente.

Paula no. Paula lo tiene clarísimo. Vive rodeada de atléticos. Su abuelo le cantaba el himno desde que era una recién nacida y paradójicamente, el 80% de los niños de su clase, con el profesor a la cabeza, son atléticos como ella. Paula que el año pasado salió llorando de casa de Iván, el día que el Kun Agüero marcó al principio del partido y el Atleti acabó perdiendo, el sábado parecía contenta. Cuando volvíamos a casa de la mano y yo todavía no sabía si estaba orgullosa, decepcionada, cabreada o esperanzada por lo que habíamos visto en la tele. Me apretó la mano fuerte y me dijo bajito que quería que el Atleti empatase. ¿Por qué, hija?, le pregunte extrañada. Porque así nadie se ha disgustado, me contestó cargada de razón.

Me miro en ella y me da un poco de vergüenza ver en lo que me he convertido. Que hoy, con un montón de amigos y compañeros en Liverpool estoy deseando que el Madrid quede fuera de Europa, mejor si es con gol de Torres. Espero que mi hija no herede ese antimadridismo porque eso significara que su Atleti, el que mañana se enfrenta al Oporto, pesa lo suficiente como para fijarse en el resto de equipos.

Y quiero que mañana salte al césped ese Atleti que remontó al Barça y que doblegó al Madrid. Deseo que la mordiente de los dos últimos partidos sea suficiente para ganar al Oporto y solventar la eliminatoria. Sería una fiesta y un orgullo para una hinchada que ya ha tenido demasiados disgustos y, después de todo, Iván viene al fútbol el próximo domingo. Ya saben lo que impresiona nuestra grada de fiesta y orgullosa, ¿no? Pues eso.

martes 3 de marzo de 2009

Futbolistas ¿comprometidos?




¿Qué opinarían si se enterasen de que el cirujano que les va a operar mañana ha pasado la noche de “marcha” y se ha acostado a las siete de la mañana?, ¿y de un abogado que tuviese que defenderles en un juicio, del conductor que les lleva cada mañana al trabajo en un tren de cercanías o de la cuidadora que se queda al cargo de sus hijos en la guardería?...

¿Y qué ocurre en el caso de los futbolistas de nuestro equipo? Ellos no son responsables de nuestra vida, honor, seguridad o de la integridad de nuestros hijos, ¿verdad?

Sin embargo, los sueldos millonarios que cobran los que defienden una camiseta con nuestros colores engloban otras contrapartidas que van más allá de los goles que marcan sobre el terreno de juego. Son conceptos como profesionalidad, seriedad, respeto por la imagen del club y, en definitiva, compromiso con ese equipo en el que prestan sus servicios.

Un compromiso, que algunos de los integrantes de la plantilla del Atlético, y supongo que los de muchos otros clubes, no están dispuestos a asumir.

¿Es lícito que cuatro de nuestros jugadores tras la derrota contra el Valladolid y mientras en el Club se decide cesar al entrenador regresen a sus casas a las siete de la mañana? Quizás lo sea, igual ni entrenaban al día siguiente, pero a mí, qué quieren que les diga no me parece moral. Igual se piensan que en Boadilla o en Villalba o en cualquier pueblo de la sierra madrileña no hay atléticos que puedan reconocerlos, que merezcan su respeto. Pero ellos son así, les da todo igual. Póngame otra de lo mismo, oiga.

¿Cómo se acostaron ustedes después del partido de Oporto? Porque a mí me costó mucho conciliar el sueño pensando que era el último partido europeo que había visto en mucho tiempo. Pues sepan que mientras ustedes pasaban la noche en vela cuatro jugadores que disputaron ese encuentro hacían lo propio en un pueblo a 40 kilómetros de la capital. La única diferencia es que el motivo de nuestros desvelos y el de los suyos era bien diferente.

No es este artículo el sitio dónde dar nombres, ni señalar con el dedo pese a que estas dos salidas nocturnas, que seguramente no sean las únicas, estén completamente contrastadas. Saquen ustedes sus propias conclusiones a tenor del rendimiento de nuestros jugadores en el campo. Seguro que se equivocarán muy poquito. Me importa muy poco lo que hagan con sus vidas privadas y ni siquiera voy a jugar con el oportunismo de un mal resultado para hablarles de la “profesionalidad” de estos jugadores.

Les cuento esto ahora que hemos ganado a un Guardiola que se preocupa de llamar cada noche a sus jugadores para saber si ya se han tomado el Cola Cao. Lo denuncio ahora que preferimos dejar nuestras dudas de lado ante el inminente partido contra el eterno rival. Y lo hago desde la vergüenza que me da el hecho de asumir que son pocos, muy pocos, los futbolistas del Atlético que están comprometidos con sus compañeros, con su club, con los aficionados que los idolatran y, en definitiva, con el escudo que lucen en el pecho cada fin de semana.

Quizás la culpa sea de este fútbol moderno que ha hecho que los jugadores sean sólo empleados coyunturales de la empresa para la que trabajan de forma puntual, con el único vínculo de un contrato y una cláusula de rescisión que podrá romper un mejor postor. Quizás los culpables sean unos dirigentes que nos ponen en ridículo, sin necesidad, eso sí, de haberse tomado ni un vino. Quizás el culpable es el que ha hecho un atlético sin atléticos, sin madrileños, sin españoles. Quizás los culpables sean aquellos que no han sabido transmitirles la grandeza de estos colores, tal y como lo hicieron nuestros padres y nosotros lo hacemos con nuestros hijos.

Pero ya que no podemos exigirles que sean atléticos, como lo fueron Gárate, Arteche o Fernando Torres, sí podemos reclamarles que se comporten como tales. Con profesionalidad, respeto y compromiso por ese equipo, nuestro Atleti, que a nosotros nos da la vida y a ellos… a ellos les engorda la cuenta corriente.

miércoles 18 de febrero de 2009

Viejas aficiones, nuevas rivalidades



Una de las cosas que más disfrutaba cuando era pequeña eran los viajes con el Atleti. Cada año, la Peña Luis organizaba un desplazamiento y nos dábamos el madrugón para viajar en autobús y conocer un nuevo estadio.

Pucela, Valencia, Bilbao, Oviedo... no recuerdo gran cosa de las ciudades que visitábamos, ni de aquellos partidos que jugamos en Zorrilla, el Luis Casanova, San Mamés o el Tartiere, pero sí tengo grabado el ambiente de fiesta que vivíamos en cada uno de esos viajes.

Llegábamos a la plaza principal y nos bajábamos con nuestros gorros y bufandas rojiblancas para pasar las horas previas al encuentro paseando y visitando esas ciudades desconocidas para mí. Hablábamos con la gente, nos paraban por la calle y nos recomendaban los mejores bares donde degustar el plato típico o simplemente un menú más asequible en un sitio menos turístico.

Entonces no me chocaba el cariño y la simpatía que despertaba nuestra afición. Estrechaban nuestras manos, nos daban palmaditas, nos preguntaban por el equipo y nos decían que por favor, que esa tarde no les diésemos el disgusto y que dejásemos las victorias para los próximos partidos. Nunca tuvimos un problema. Nunca pasé miedo.

Recuerdo perfectamente cómo estuvimos con la afición de la Real Sociedad compartiendo bares y cánticos por el casco viejo de Zaragoza durante las horas previas a aquella final de la Copa del Rey. Hoy, sin embargo, 25 años después, mis hijas no podrán visitar Anoeta con una camiseta rojiblanca porque el hijo de otra persona fue vilmente asesinado en los aledaños de nuestro estadio, por el simple hecho de haber viajado para animar a su equipo.

Tampoco podrá ir a Sevilla, al Sánchez Pizjuan, porque un amplio sector de las dos aficiones se han inventado una rivalidad que nunca ha existido entre dos equipos que siempre se trataron con cariño y respeto.

Y si en nuestro fondo sur antes sólo se dedicaban canciones y burlas al incómodo vecino de la Castellana, ahora es el Sevilla el que despierta el odio y el desprecio. Internet ha contribuido a exacerbar este sentimiento nuevo y ya parece que el enconamiento entre las dos aficiones viene de siglos atrás, de alguna guerra disputada por un trozo de tierra. Pero no es así.

El pasado año, en un foro sevillista, escribieron un artículo incendiario para calentar el partido: “Yo a la Champions, tú a Intertoto”, se llamaba. En los foros colchoneros se correspondió con insultos y menosprecios. Ganó el Atleti y un aficionado de nuestro equipo recibió una brutal paliza que fue grabada con un móvil y colgada en un “youtube”.

Esta temporada las cosas no van mejor. Su peña ultra se encargó de traer a Madrid palos y bates de béisbol para los hinchas del Olimpique de Marsella y en cada partido del Calderón se les dedican unos cánticos que me da vergüenza reproducir. La violencia flota en el ambiente.
Esta semana en ese mismo foro de Internet se han dedicado a colgar fotos de aficionados del Atlético de Madrid y a humillar y reírse de todas esas personas. Gente mayor o chicas muy jóvenes, casi niñas, han sido insultados y sometidos a comentarios vejatorios, muchos de ellos de índole sexual. Aquí no se ha andado a la zaga, no se crean. Ayer llegué a leer en una página de atléticos que todos los sevillanos eran como los asesinos de Marta, la chiquita desaparecida y cuya trágica muerte se ha conocido esta semana.

Algunos justifican la violencia (o el racismo) en el fútbol, alegando que es sólo un reflejo de lo que vive nuestra sociedad. Pero yo creo que ha habido demasiada tolerancia y que desde los distintos Gobiernos y los propios clubes no se han hecho los gestos suficientes para acabar con ella.
Y ha llegado el momento de que todos nos paremos a reflexionar y acabemos de una vez por todas con esta locura antes de que el cuerpo de otro de nuestros hijos, sea cual sea el color de su bufanda, acabe desangrándose sobre otra acera cerca de un estadio.
No podemos permitirlo. En toda esta historia y, sin apenas darnos cuenta, ya hemos perdido demasiado. Y qué triste... hemos perdido todos.

lunes 9 de febrero de 2009

Ni olvido, ni perdón



¿Cambió la actitud de los jugadores o simplemente tuvieron más suerte de cara al gol?, ¿creen que le estaban haciendo la cama a Aguirre o sencillamente es que el rival fue más asequible?, ¿les sorprendió Abel con algo más que la alineación de Antonio López en el carril izquierdo? Y lo que es más importante ¿creen que esta victoria apagará las voces de prensa y afición que por primera vez en muchos años se habían atrevido a mirar más arriba del banquillo?

Son muchas las preguntas que despierta este Atleti si uno no quiere conformarse con tópicos como lo del entrenador nuevo, victoria segura. Y son preguntas que se quedarán sin contestar al menos durante los próximos siete días. Porque sí, todos podemos elucubrar a estas alturas sobre si la disposición, tanto táctica como anímica, fue diferente, pero siempre nos quedará la duda de si ese gol tempranero de Agüero cambió todo el guión de los noventa minutos.

El Atleti volvió a ser ese equipo efectivo de finales de 2008, que no es un Barcelona, ya saben, pero que sí cuenta con unos señores capaces de resolver cualquier partido. No me hagan empezar de nuevo con la pólvora y la dinamita y la puntería que eso ya nos lo sabemos todos.

El caso es que marcó Agüero después de seis semanas y lo hizo Forlán, por partida doble, y sin grandes celebraciones, después de cuatro. Dijo Abel ante los medios que el equipo había asimilado sus ideas, pero eso tendrán que demostrarlo ante el Getafe y ante los difíciles compromisos que se avecinan. Que sí, que hubo más presión y el equipo se plantó más adelantado, pero durante todo el segundo tiempo volvimos a ver pérdidas de balones en pases sencillos, juego aéreo que siempre controlaba el rival y despistes en defensa que sólo el acierto de Leo Franco evitó que acabasen en gol.

Sin embargo, lo que más me inquieta es que se frene esa corriente de denuncia de los medios iniciada hace bien poco y en sospechosa coincidencia temporal. Si el equipo va bien, todo va bien; estamos a dos puntos de la Champions, no hay que desestabilizar a la plantilla, ¿les suena, no? Y eso es lo que me daría mucha pena, que los matorrales impidiesen de nuevo ver la presa, que el humo no dejase adivinar dónde está el fuego o que el buen tiempo hiciese olvidar lo mal preparados que estuvimos ante el último temporal.

Pero es que hasta a mí, que me acusan de corporativista con los compañeros de los medios, me ha sorprendido su dedicación durante esta semana. Los minutos en los programas de las doce, las columnas en la prensa, el lenguaje común, los argumentos al descubierto. Con malos resultados, con el cese de un entrenador, sí... pero también lo que hemos vivido tantas otras veces, incluso con un descenso a segunda, sin que se haya levantado una voz, sin que haya pasado nada.

Y si las protestas ya no se limita a los “catorce” de siempre y se extienden en la grada, si ya no somos sólo los “bloggeros” los que les hablamos a ustedes de apropiación indebida, de nefasta gestión o de afrenta a nuestra historia, si la denuncia abandona el territorio de los foros para llegar a la opinión pública, una se queda con la sensación de que se ha ganado mucho más que tres puntos. Y sería una pena que esos tres puntos, los primeros de Abel, los que tan bien nos vienen, los que nos acercan hacia nuestra zona legítima, frenasen esa corriente que vale mucho más que tres, treinta o trescientos puntos. Yo estaré en la puerta cero el próximo domingo, ¿Y ustedes?

lunes 2 de febrero de 2009

2 de febrero, Groundhog Day

Hoy se celebra el día de la marmota. Una costumbre tradicional del pueblo de Punxsutwaney, en Pennsiylvania, en la que cada dos de febrero se intenta predecir la duración del invierno por el comportamiento de la ya famosa marmota Phil, inmortalizada en la película Atrapado en el tiempo.

Muchos seguidores del Atlético de Madrid solemos resumir con esta frase, “el día de la marmota”, la situación de nuestro equipo. Pasan los días y nada cambia. Se relevan los entrenadores, cambian los jugadores, se bautizan los proyectos y todo sigue igual. Triste, frío, mediocre y gris, muy gris.

Cuenta la historia que los inmigrantes alemanes llegados a Pennsylvania confiaban en este método para saber cuando tenían que cultivar sus tierras. Si la marmota al salir de su guarida en invierno veía su sombra, en un día soleado, se asustaba y volvía a su hibernación por seis semanas más. Si no había sol y por tanto no veía su perfil sombreado, pensaba que ya había llegado la primavera y salía confiada de su madriguera.

Se asomó ayer el Atleti a repetir el guión de las últimas jornadas, no le gustó lo que vio y decidió seguir invernando durante todo el partido, tal y como ha estado haciendo desde principios del nuevo año. Sin embargo, ayer la afición, que otras veces se ha conformado con el comportamiento del equipo y se ha ido a casa meneando la cabeza, silbando a Pernía o pidiendo la dimisión de Aguirre, por primera vez rechazó el guión establecido y decidió que con marmota o sin ella, el invierno en el Atlético de Madrid ya dura demasiado.

Ayer, una afición aterida de frío y fiel como pocas, gritó por fin contra los verdaderos culpables, ya no de la actual marcha del equipo, si no de la transformación de lo que era el Atleti, nuestro Atleti, en un ente amorfo sin personalidad, ni carácter.

Más de 100 personas lo cantaron desde la puerta cero, miles se volvieron al palco para pedir responsabilidades, el Frente Atlético cambió sus “lololos” por “fueras del Calderón” y los medios de comunicación recogieron por primera vez en muchos meses la sensación de hartazgo del aficionado atlético.

El Groundhog Day tiene poca base científica, la verdad. Según el Nacional Geographic la marmota sólo ha pronosticado el final del invierno correctamente el 28% de las veces en 60 años.

Pero a mí, que quieren que les diga, esto me parece un paso de gigante en la lucha que muchos hemos hecho nuestra para conseguir que nos devuelvan a nuestro equipo, que dejen de hacer negocio con nuestros sentimientos los que se hicieron con ellos de forma indebida.

Doy por buena la derrota, si con eso se consigue que algo cambie, que no volvamos a vivir una y otra vez el guión escrito por los que nos mal dirigen. Es muy duro decirlo, pero hoy por hoy, si perder partidos significa que la gente se conciencie y que los medios se hagan eco, si eso puede forzar a los dueños a vender la propiedad conseguida ilegítimamente, según reconoció el Tribunal Supremo, si eso supone su marcha... bienvenidas las derrotas.

No me gusta perder ni a las chapas, pero ya les digo que antes de que el equipo desaparezca bajo los mandos de dos que lo quieren mucho menos que nosotros, prefiero un Atleti en mitad de la tabla, sin ellos, que otro campeón de Champions con Cerezo y Gil Marín levantando la Copa.

Feliz Día de la Marmota

lunes 26 de enero de 2009

José Manuel Jurado y un Atleti sin él


Igual se pensaban que yo era la típica periodista partidista y ventajista que estaba esperando a que José Manuel Jurado hiciese un gran partido para lamentarme de su ausencia en nuestro centro del campo. ¿Sí? Pues han acertado.

Hoy Jurado acapara los titulares de la crónica de la victoria del Mallorca sobre un Valencia contra el que el Atleti no ha podido. Firmó dos goles, uno de ellos de esos que si lo marca Robben o Messi lo estaríamos viendo hasta el día del juicio final, y propició el otro al forzar un penalti que transformó Martí.

Mientras, el Atleti sacaba un empate en Málaga mostrando las mismas carencias (por no decir vergüenzas) de las últimas jornadas. Nuestro equipo volvió a demostrar que le falta un “tío” en el centro del campo encargado de crear juego, de abrir el balón a las bandas, que no tenga miedo de avanzar unos metros con la pelota controlada y que regale asistencias a los dos de arriba, ayer completamente desconectados del resto del equipo. Y pudo ganar el Atleti si se hubiera transformado alguna de las ocasiones clarísimas con las que contó, si Maxi se hubiese dejado caer en el área tras un penalti "de libro", si hubiese entrado la última de Antonio López.

Dice mucha gente que José Manuel Jurado no es jugador para el Atleti, que precisamente un partido como el que hizo ayer demuestra que es un hombre para un Mallorca, un Racing o un Recreativo. Esto es lo que más me sorprende porque si una lee la pléyade de jugadores que han desfilado por nuestro equipo, se topa con nombres que no valen ni para el primera más modesto.

¿Acaso creen que Jurado aportaría menos en nuestro equipo que Maniche?, ¿le ven menos dotado que Banega?, ¿sospechan que está en peor forma que Raúl García?
Otros nunca le perdonaron al chaval gaditano que recalase en la cantera blanca antes de llegar al Atleti a través de una de esas “operaciones” a las que nos tienen acostumbrado las mentes pensantes de nuestro equipo.

Sin embargo, Jurado ha dado muestras sobradas de ser un jugador que sabe estar. Raramente tarjeteado, celebrando los goles de sus compañeros como los propios, nunca levantando la voz ante sus numerosas suplencias, nunca reclamando más continuidad en su juego o una posición distinta en la que se encontraba más a gusto, marchándose del Atleti sin esbozar un sólo reproche...

Ayer mismo José Ramón de la Morena le entrevistaba en El Larguero y le preguntaba por su paso por el Atlético de Madrid y su falta de respuesta a las expectativas creadas cuando militaba en el Castilla. Era quizás la noche para reivindicarse después de lo demostrado en Son Moix. Pues no, nuevamente no buscó excusas en terceros que justificasen su situación y se dispuso a mirar adelante confiando en que la suerte, hasta ahora esquiva, le acompañe en el futuro más inmediato.

No se preocupen que al próximo año aplaudiremos a José Antonio Reyes cuando se acerque al Fondo Norte a sacar un corner. Quique Flores no cuenta con él y ayer dejaba claro en El Marca que ha vuelto a las andadas y que no es el mismo de principios de temporada. Nos venderán al utrerano, eso sí, rehabilitado y besándose el escudo, como la solución a nuestros problemas. Mientras, leeremos nuevas crónicas con titulares elogiosos para ese chico tímido de Cádiz, que como tantos otros, no pudo triunfar en nuestro equipo. El mundo al revés.

martes 13 de enero de 2009

Opiniones, sentimientos y el nuevo Atleti



Me gusta pasarme a diario por el foro de opinión atlética de Señales de Humo. Allí encuentro, a gente que sabe mucho de fútbol y futbolistas, capaces de debatir durante cuatro páginas las ventajas e inconvenientes de un determinado sistema de juego o las cualidades de un chaval de la cantera al que siguen en el Cerro del Espino.

Y lees textos excelentes firmados por un tal Panadero Díaz o Pereira o Leivinha o Mendoza o Kiko o Futre. Pseudónimos (nicks, como se dice ahora) de viejas glorias atléticas bajo los que se discuten con pasión las actuaciones de determinado jugador, el sistema de Javier Aguirre o las alineaciones elegidas para enfrentarse al equipo de turno.

Pero sobre todo me gusta estar en esa casa, porque encuentro a gente que se siente como yo. Ciclotímica, bipolar, vehemente... en la victoria y en la derrota. Gente que reacciona y se expresa tal y como yo me siento cuando encadenamos quince partidos sin perder o cuando se da una pésima imagen, como la de los últimos tres partidos.

Y una que se encuentra, ya saben ustedes, en pleno proceso de desarraigo con la afición atlética, que no entiende ni que el fondo sur bote con una tonadilla alegre cuando perdemos 1 a 3 con el Athletic, ni que el resto del campo grite enfurecido el “Aguirre, vete ya” y no dediquen uno sólo de sus pitos a los verdaderos causantes de tanto desatino, pues me siento identificada con las cosas que allí se dicen, (se postean, se dice ahora) pero sobre todo con las sensaciones que genera nuestro equipo.

La pasada semana tras la casi segura eliminación de la copa del Rey alguien escribió un mensaje (topic, se dice ahora) titulado “no aguanto más”. Se trataba de una reflexión, probablemente en caliente, sobre las repercusiones de los 20 años de “gilismo” en su estado de ánimo, tras 25 años como abonado y mirándose en el espejo de su hijo que por primera vez no había querido ir al fútbol.


“Pero de camino al campo, solo una vez más entre tantos extraños con bufanda del que era mi equipo, me invadió una tristeza infinita, estaba pensando en dejarlo todo, en dejar el equipo de mi abuelo, del que fue socio, todavía conservo su carnet, el equipo de mi padre, del que fue socio, ya no va al campo, el equipo de mi hermano fallecido del que fue socio, el único equipo que he tenido en toda mi vida. La única razón que me mantenía atado a este equipo sucedáneo se había esfumado. A finales de año no renovaré mi abono, ni el de mis hijos, después de tantas generaciones de atléticos han conseguido separarnos de esta pasión, les podría perdonar todo el daño económico y social que han hecho al club, pero esto es un ataque directo a mi familia y nunca se lo podré perdonar.”

Me impresionó profundamente el mensaje de esta persona (forista, se dice ahora) y las reacciones en cadena que provocó, de unos relatando también su desánimo y cansancio, su sensación de pérdida y de lucha injusta, mientras que otros reflejaban su rechazo a las nuevas modas que pueblan nuestras gradas, a las consecuencias del fútbol moderno que tanto nos alejan del deporte que amamos.

En medio de la amargura alguien apuntó que pese a todo esto, no podía pasar sin el Atleti. Les transcribo sus palabras de forma textual... “En mi caso, dejar mi abono, mi localidad, mi asistencia al Calderón partido tras partido, me produciría una muerte en vida. Me convertiría en una especie de zombi. No, pese a que el club y la afición del Atleti del siglo XXI ya no se parecen a los que yo conocí de pequeño, no podría hacerlo. No sé cómo explicarlo, pero este club, esta camiseta rojiblanca y este escudo han marcado tanto mi vida que sería prácticamente imposible para mí dejarlo a un lado.”

Y poco a poco, algunos fueron contando qué les llevaba al Calderón cada domingo. Los que vivían lejos y hacían un esfuerzo, los que provenían de una tercera generación de atléticos, o en los que ese sentimiento había nacido de forma espontánea, incluso en la más absoluta soledad. Y es en ese momento cuando me sentí tan terriblemente identificada con ese grupo de gente que conseguía en un margen muy pequeño de tiempo transformar su hastío en esperanza, su cansancio en ilusión.

Muchos de nosotros, los que lo tuvimos fácil porque en nuestra familia eran rojiblancas hasta las sábanas y mamamos el sentimiento desde la cuna, conocimos a un Atleti capaz de lo mejor. Perdía partidos, claro, pero tenía la garra y el coraje para enfrentarse ante el más grande y plantarle batalla. Ese Atleti mañana saldría al Nou Camp a llevarse la eliminatoria.

Yo le pido a este otro Atleti que no deje que el niño que no quiso ir al fútbol, el hijo de un forero llamado “Luiqui”, no tenga abono la próxima temporada. Que ese niño no crezca sin conocer a ese equipo, que nos hizo diferentes y, en ocasiones, tan felices.